El presidente de la OCDE, Mathias Cormann.
La
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que
un 15 por ciento de los diagnósticos son "inexactos, tardíos o erróneos" y que la carga económica que esto supone alcanza el
17,5 por ciento del gasto sanitario total. Es decir, hablamos del 1,8 por ciento del Producto Interior Bruto en un país típico de la OCDE, “en el que una décima parte del PIB se destina a asistencia sanitaria”. En España, la inversión en sanidad supone el
7,4 por ciento de la riqueza del país y equivale a 2.079 euros por habitante.
Si estos
errores de diagnóstico, sobrediagnósticos o infradiagnósticos se redujeran a la mitad, un "objetivo modesto" según las conclusiones del informe, se podría ahorrar un
ocho por ciento del gasto sanitario total del club de 38 países de desarrollados. La cifra alcanza los
626.240 millones de euros (676.000 millones de dólares).
Los investigadores sostienen que se podría alcanzar un ahorro superior al
billón de euros —es decir, el
13% del gasto sanitario de la OCDE— con un objetivo más ambicioso, el de eliminar un
80 por ciento de los errores de diagnóstico, aquellos que se consideran “evitables”. Calculan que es probable que las mejoras sean aún mayores en
Estados Unidos, donde ese ahorro supondría 1,1 billones de dólares.
Este informe, titulado '
La economía de la seguridad diagnóstica', ha sido elaborado por Luke Slawomirski, David Kelly, Katherine de Bienassis, Kadri-Ann Kallas y Niek Klazinga. Para llegar a esta conclusión, han estudiado casos como los errores de diagnóstico en problemas de
salud mental, sepsis, cáncer o COVID persistente.
La Inteligencia Artificial, una posible solución para reducir los fallos
Los investigadores sugieren que “invertir capital financiero y político en mejorar la seguridad diagnóstica será muy rentable para pacientes, proveedores y aseguradoras”. Además, entre sus conclusiones subrayan que el aumento del
uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la asistencia sanitaria y “la disponibilidad de nuevas formas de diagnóstico, como las
pruebas genómicas” ofrecen “posibles soluciones para reducir” estos daños.
De hecho, apuntan que el uso de modelos de aprendizaje de IA para analizar
datos clínicos, biomédicos y radiológicos de los pacientes puede ser útil en afecciones de diagnóstico difícil, aunque “requiere validación clínica y perfeccionamiento continuo”.
Todos estos avances están sobre la mesa, pero la OCDE aclara que esta mejora “
no es gratuita” y que hay que tener en cuenta el coste de implementar las nuevas estrategias. Eso sí, a excepción de la Inteligencia Artificial, no son "especialmente caras” si se comparan con el gasto “en cuidados intensivos y tecnologías biomédicas”.
Políticas para mejorar la seguridad del diagnóstico
La OCDE sugiere algunas claves sobre qué pueden hacer los responsables políticos para mejorar la seguridad en el diagnóstico. Entre ellas cabe destacar la incorporación de los “riesgos, daños y costes” de los errores de diagnóstico en la
formación médica. También entienden que hay que tener en cuenta las perspectivas y preferencias de los
pacientes y que las asociaciones de especialidades médicas “deben establecer normas y directrices nacionales o internacionales para solicitar pruebas diagnósticas e interpretar los resultados”.
Por otra parte, sugieren que las
agencias nacionales de seguridad del paciente deberían “recopilar, notificar y publicar sistemáticamente” indicadores de calidad en el diagnóstico de enfermedades comunes como las enfermedades mentales, el cáncer o la sepsis. También pide que se informe de las posibles variaciones o anomalías regionales o institucionales en el gasto sanitario para detectar
indicativos de mala calidad.
Por último, solicitan que las aseguradoras y los proveedores de asistencia sanitaria revisen las políticas de financiación que no se ajusten a mejoras prácticas o directrices internacionales, y que se aproveche la
arquitectura sanitaria digital para garantizar un seguimiento oportuno y evitar errores de comunicación.
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