Esteban y Pradales están pendientes de la mejora que Martínez haga en Osakidetza.
La inteligente disculpa pública con la que el
consejero de Salud del País Vasco,
Alberto Martínez Ruiz, arrancó su primera comparecencia ("No sé euskera") le sirvió para capear la que podía haber sido la primera crítica en su condición de integrante del Gobierno de
Imanol Pradales. En
Euskadi el tema lingüístico no es menor.
Pero a veces es bueno reconocer las propias limitaciones antes de que el juicio ajeno las descubra y agrande, y desde que el
doctor en Medicina y
anestesiólogo se pusiera en junio al frente del Departamento ha tenido varias muestras de humildad en este sentido. "A lo largo del tiempo se darán cuenta de que tengo muchas carencias", advirtió entonces también.
Martínez llegó a la política desde la gestión; era jefe de un Servicio tan relevante como lo es siempre
Anestesiología, y en un hospital estratégico para la asistencia pública como el de
Cruces. Esta responsabilidad de cargo intermedio, pero con notable influencia en el día a día del centro estrella de
Osakidetza, podía haber forjado en Martínez un liderazgo altivo. Si es así, en el tiempo que lleva de consejero está disimulando muy bien, porque por ahora al frente de la Consejería se está viendo a una persona cercana y humana.
En estos meses, en los que han pasado de sobra los 100 días de gracia y margen que se deben dar por educación política a todos los gestores de lo público, Martínez ha estado muy ocupado con el
Pacto Vasco de Salud, un documento de consenso que si culmina será la vara de medir del éxito o fracaso de su cartera en la legislatura.
"Pradales y Martínez parten con la ventaja de que han sido los primeros en reconocer de partida que algo no iba bien en Osakidetza"
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Pero, ¿por qué un pacto por la salud si las encuestas dicen que Osakidetza es uno de los mejores
sistemas sanitarios públicos de los que operan en
España? La inversión por habitante, la ratio de profesionales / pacientes y los tiempos de espera son indicadores que así lo dicen. Pero el lehendakari Pradales sabía cuando aceptó ser el
candidato del PNV que, más allá de los buenos números, heredaba una mala imagen en torno al sistema sanitario vasco. Reconocerlo, como le ha sucedido a Alberto Martínez con el euskera, le dio la ventaja de frenar por ahí una sangría de votos en las elecciones de abril del año pasado.
La confirmación de las malas sensaciones ha llegado esta semana desde el
Ararteko, el defensor del pueblo vasco, que en su informe ha recordado a Pradales y a Martínez que ese malestar ciudadano en torno a Osakidetza sigue vigente, y es más, va al alza. Las quejas que los usuarios envían al Ararteko a cuenta de la sanidad han crecido casi un 70 por ciento en 2024 respecto a 2023. Son números que ya interpelan a los
primeros meses de Alberto Martínez como consejero, y debe asumirlos como un primer aviso serio, aunque se le pueda conceder que este final de 2024 haya sido de toma de contacto con el Departamento y de esbozar nuevos proyectos de mejora.
Lo del informe del Ararteko es el primer aviso serio porque, aunque Alberto Martínez ya ha tenido experiencias negativas como consejero, como que la
Justicia haya frenado la homologación vasca de títulos de Medicina, y el Ministerio haya desdeñado su propuesta de reducir a tres años el
MIR de Familia, lo cierto es que esas son cosas que en clave política interna de Euskadi no le van a pesar. En cambio, el desapego ciudadano con el sistema sanitario vasco es el caldo de cultivo ideal para la federación
EH Bildu que lideran
Pello Otxandiano y
Arnaldo Otegi, rival electoral directo, que ya utiliza la mala imagen demoscópica de Osakidetza para hacer daño al PNV de cara al electorado. De esta debilidad era consciente
Andoni Ortuzar y también lo tiene muy claro
Aitor Esteban, que quiere soluciones.
El nuevo presidente del
Euzkadi Buru Batzar sabe que el
PNV necesita reconectar con la calle, porque el descontento con la sanidad puede poner en peligro que la formación jeltzale siga al frente de la lehendakaritza tras el siguiente envite electoral.
Así pues, tanto
Alberto Martínez como
Imanol Pradales parten con la ventaja de que han sido los primeros en reconocer públicamente que algo no iba bien en el sistema vasco de salud. A partir de ahora
el crédito de la sinceridad se va agotando y en cuanto esté cerrado el pacto hay que pasar a los hechos y, sobre todo, lograr que los ciudadanos perciban las mejoras y Osakidetza recupere su prestigio. Al PNV le va mucho en ello políticamente.
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